La pobreza: números vs. realidad

En los últimos días se ha discutido mucho respecto de los datos de la pobreza que en el sentido común y en la percepción colectiva, contrastan de modo casi insultante con la realidad.

Nadie puede convencernos por muchas operaciones matemáticas, y referencias a portales y datos de otros países, que la pobreza en su rostro más cruel, el de hombres, mujeres y niños durmiendo y viviendo en la indiferencia anónima de la calle, no existe, o que no existen quienes viven en situación de precariedad en asentamientos sin servicios básicos, o que no hay desocupados. En suma, nadie puede convencernos que lo que vemos no es lo que vemos.

Nuestro país ha abandonado deliberadamente el uso de estadísticas confiables como herramientas indispensables para el diseño de las políticas públicas. Hace tiempo que las estadísticas en Argentina se han convertido solo en el número que resulte más eficaz para desdibujar la verdadera dimensión de los problemas y acallar de esa manera la alarma social que generan aquellos temas de especial sensibilidad para nuestro pueblo.

Los índices, con este propósito se construyen a fuerza de seleccionar lo que se va a medir evitando estratégicamente cuantificar aquellos ítems que claramente incidirían en la cifra final y atentarían contra el objetivo de minimizar el impacto de la realidad.

De manera tal que sin las herramientas necesarias, difícilmente puedan pensarse soluciones para los problemas. Es más, hasta corremos el riesgo de que dichos temas representados en un número exitista, sean sacados de la agenda del gobierno, en la convicción que ya no revisten la entidad necesaria como para que el Estado se haga cargo.

Atónitos, hemos escuchado expresiones tales como que medir la pobreza es complejo. Pero quienes esto afirman, desconocen lo que es sentirla, vivirla en la piel y en la cotidianeidad de una angustia permanente que solo tiene por objetivo sobrevivir a ese día.

Medir la pobreza podrá ser complejo, pero si quienes esto afirman fueran capaces de combinar su ciencia estadística con una caminata por la realidad, seguramente encontrarían los datos que necesitan para elaborar un número verdadero que les permitiera conocer cuáles son las dimensiones de la pobreza aquí y ahora y en el mejor de los casos, aportar herramientas para solucionarla.

Necesitamos gobernantes que no se defiendan de la realidad, sino que busquen enfrentar los problemas que ella nos muestra y que en lugar de estar ensayando justificaciones, argumentaciones ya no complejas, sino verdaderamente retorcidas, puedan pensar cómo podemos hacer no solo para dar de comer a quien tiene hambre y resolver la emergencia, sino cómo hacer para resolver la pobreza estructural.

Lamentablemente, frente a la realidad, solo encontramos de parte del discurso oficial, un acervo de expresiones fatídicas que ya han dejado heridas imborrables en el alma de la sociedad.

En las páginas de la historia, quedaran para evocar, no sin dolor, quela inseguridad es una sensación”, “la inflación es solo reacomodamiento de precios” y que “Alemania tiene más pobreza que Argentina entre otras, todos grandes mantos que ocultan vidas, proyectos y esperanzas que ya no serán.


La Argentina es de todos, y la historia es de todos. 25 de mayo de 1810

Que lamentablemente lejano va quedando el recuerdo de la celebración del 25 de mayo de 1810. Tantos años recordando el nacimiento de la Patria y sintiéndonos unidos por encima de las diferencias sintiéndonos parte de un festejo que era de todos. Tantos años evocando el heroísmo de los hombres de mayo, su capacidad de llegar a un consenso y su voluntad de enfrentarse al poder colonizador para dar paso al nacimiento de una nueva Nación.

Pero el gobierno kirchnerista que ha ido buscando colonizar los medios, la justicia, organismos otrora prestigiosos como el INDEC, también ha pretendido colonizar nuestra historia y nuestras tradiciones poniéndoles su sello personalista y tratando de borrar todo aquello que pudiera no estar identificado con un nombre afín.


Así los acontecimientos históricos se han ido desdibujando y sus celebraciones han quedado atadas a actos de claro contenido electoral y coyuntural que sirven para descalificar a adversarios o para ensalzar a los propios, y que ponen el eje central de las celebraciones en personas y no en el conjunto de los argentinos herederos de los logros de 1810.

Pero los argentinos tenemos memoria, y llegará un tiempo en el que podamos nuevamente sentirnos unidos en el recuerdo de la historia que fue moldeando nuestro presente, desde diferentes roles, miradas y lecturas, pero reconociéndonos en aquellos acontecimientos fundacionales de la Patria, como pertenecientes, partícipes y protagonistas indispensables de la construcción de nuestra Argentina.

La libertad es de todos, los frutos son de todos, no le pertenecen a un gobernante, porque nada es un gobernante sin el pueblo, y tampoco es nada la democracia que no constituye la expresión de miradas diferentes que se respetan y no que buscan imponerse con la fuerza de los discursos personalistas.

Volveremos a celebrar el 25 de mayo mirando hacia 1810 y recorriendo la historia, nuestra historia, la que nos contiene a todos y nos incluye a todos, a los que piensan de una manera y a los que piensan de otra, a los que en cada tiempo hicieron, aportaron, construyeron tanto desde espacios de poder y responsabilidades, como desde espacios en donde el trabajo silencioso se constituye en el cimiento solido que garantiza el éxito de la construcción.


La Argentina es de todos, y la historia es de todos porque todos la hicimos y porque somos todos herederos y legítimos titulares de la libertad que logramos en 1810. En 1810

Adicciones y narcotráfico en Jujuy, más dudas que certezas

El discurso del gobernador Fellner en la apertura de las sesiones ordinarias, en relación al tema de las adicciones y el combate al narcotráfico, dejó más dudas que certezas. El primer interrogante es que se propone hacer, además del estéril y remanido recurso de convocar a un debate que seriamente, no se preocupó en dar en todos los años de su gestión, caracterizada además, por la inacción frente a estos problemas.

En consonancia con el discurso del gobierno nacional, del cual nuestro gobernador es solo un eco opaco y tedioso, la problemática del narcotráfico se mantiene solo en la inacabable discusión sobre si somos un país de tránsito, de producción o de consumo, permitiendo mientras se ensayan excusas y justificaciones, que una realidad inexorable nos pase por encima, con traficantes y productores, mientras nuestros jóvenes ven minadas sus posibilidades de construir sus proyectos de vida por falta de oportunidades y de atención de calidad.

Mientras todos los responsables políticos, mantienen al narcotráfico cautivo de la retórica, de las expresiones más o menos ocurrentes, de la estudiada indignación ante la inclusión del país en una estadística alarmante, o de las explicaciones seudo políticas y electoralistas, el país sigue siendo escenario de la acción de narcotraficantes que ingresan por  nuestras fronteras que por su alto grado de permeabilidad podríamos definir casi  como una invitación, lamentablemente.

La gravedad del problema que solo parecen no ver los gobiernos nacional y provincial, reclama acciones urgentes. Más que debatir el gobernador debería pensar en decidir la desfederalización, para que sean nuestros tribunales los que se hagan cargo del microtráfico, debería reclamar cuando el Ejecutivo nacional retira a la gendarmería de la frontera para trasladarla a lugares que convienen a sus intereses electoralistas, debería reclamar por la implementación de los juzgados federales creados, debería promover por las vías y con las acciones correspondientes el control del tráfico de los vuelos clandestinos del narcotráfico, entre otras medidas.

En lugar de debatir, quizás nos resultaría más útil que realizara una profunda investigación del consumo de las sustancias psicoactivas procurando contar con datos producidos con rigor estadístico, sin manipulaciones, que de manera genuina nos permitan un diagnostico cierto y definir una política pública estratégica en materia de adicciones.



No puede ser que la acción oficial en materia de adicciones, se limite a  sentarse a aplaudir lo que el voluntarismo de la Nación pudiera esporádicamente producir para la foto en nuestra provincia.-

La salud es una cuestión de todos

Hace tiempo que la salud y las políticas sanitarias han dejado de ser una cuestión privativa de un sector. La misma definición de la salud entendida como el estado de completo bienestar físico mental y social  ya anticipa que es un tema que no puede resolverse solo entre técnicos y/o políticos.

Audiencia Pública sobre la salud en la provincia de Jujuy
La salud exige el compromiso de distintos actores sociales y de distintos sectores. Y por lo mismo, requiere de la participación de todos en el proceso de toma de decisiones.

Un proceso de toma de decisiones abierto, transparente, participativo y con debate, es lo que determina la fecundidad de sus resultados, la viabilidad de las decisiones y fundamentalmente la adhesión y el compromiso de cada uno para desempeñar con convicción y eficiencia el rol que le resulta asignado.

En Jujuy la salud requiere reformas y todos estamos de acuerdo en esto. Oficialismo y oposición, compartimos la necesidad de reformar el sistema de salud y este ya es un buen punto de partida porque tenemos una coincidencia que podemos convertir en una oportunidad de trabajo conjunto o en un motivo para diferenciarse sobre la base del mezquino afán electoral.

Desde esa mirada, nuestro partido se opuso al tratamiento exprés del proyecto inconsulto que el Ejecutivo remitió al Legislativo para ser tratado y aprobado en sesiones extraordinarias y celebramos ciertamente que se haya resuelto pasar el proyecto a comisión para su estudio.

La salud en Jujuy ha sido objeto sistemático de improvisaciones, así como se advierte ha sucedido con la nueva maternidad, inaugurada con discursos altisonantes que pretendían asociar a la salud jujeña a una calidad de excelencia y de adelanto tecnológico de las más altas en el país.

Sin embargo, las muertes acontecidas en dicha maternidad por la falta de recursos nos arroja brutalmente a una realidad contradictoria y desigual en la que la falta de equidad en las posibilidades de acceso a una salud oportuna y de calidad es una constante que nos avergüenza.


Necesitamos trabajar intensamente, pero fundamentalmente necesitamos trabajar todos juntos, asumiendo con grandeza que la salud no puede ser motivo de búsqueda de un rédito electoral porque de ella depende la vida de nuestra gente.

Tenemos muchas propuestas para poner a consideración de todos, pero la primera y esencial es la de instalar el tema para que lo discutamos entre todos, para que, entre todos los jujeños, con respeto, con compromiso y con responsabilidad, nos sentemos a definir la salud que queremos para Jujuy y para nuestra gente.


Cualquier intento por pretender que hay algún grupo o sector que válidamente puede tomar decisiones en este tema, constituye una vulneración al principio de representatividad y deslegitima a los representantes, porque los jujeños tenemos mucho para decir sobre la salud y el gobierno tiene la obligación de escuchar

Eran muchos pero… hay que comenzar a dar respuestas

El esfuerzo tenaz de los último días del oficialismo por deslegitimar la marcha del 18F y atribuirle móviles inconfesables, tuvo su más estrepitoso fracaso de cara a una realidad incontrastable difícil de ocultar.


El pueblo se volcó a las calles, con una espontaneidad que se pudo claramente advertir en las expresiones y en los reclamos. Y esta diversidad, lejos de deslegitimar la marcha, es una prueba de su autenticidad, es una prueba de la voluntad popular que sin colectivos que los movilizaran, sin ningún incentivo ni temor, y venciendo toda adversidad, se expresó con contundencia en las calles de todo el país.

Ante la imposibilidad de negar la expresión multitudinaria, no quedó otra opción para el discurso oficial, empecinados en la división, que la de descalificar con un osado “pero”, el sentido homenaje al fiscal muerto. 

Entonces se empezó a decir que eran muchos pero… Y entre la larga lista de “peros” absurdos a los que el oficialismo recurrió, fue el de “quienes” iban a esa marcha, sus antecedentes, sus eventuales afinidades, o sus supuestas ideologías. ¿Desde cuando el pueblo para expresarse necesita acreditar una ética intachable, carecer de antecedentes penales, o cumplir con cuantos requisitos para poder manifestarse?

Esto no es necesario para expresar la voluntad popular. En todo caso sí es necesario para ocupar un cargo público, y allí sí el oficialismo, debiera preocuparse. Vaya como muestra el recientemente “renunciado” funcionario de la Secretaría de Derechos Humanos, condenado por haber vulnerado de manera aberrante los derechos que debiera defender. ¿Nadie se ocupó de verificar sus antecedentes? Todo un símbolo.

Eran muchos pero… eran opositores. Claramente muchos de los asistentes demandan terminar con la impunidad, una justicia independiente, terminar con la corrupción, y si eso significa ser opositores, probablemente el gobierno debiera revisar sus propias políticas en este sentido porque el gobierno es el representante del pueblo, y los cientos de miles de ayer a la tarde, son el pueblo también. 

Eran muchos pero… quieren desestabilizar al gobierno. Nadie quiere desestabilizar al gobierno y esto se vio en la marcha del 18F. Lo que el pueblo quiere es que el gobierno lo escuche. Que deje de cerrarse obstinadamente en su discurso autoreferencial y victimizante y que se convierta en hacedor de los profundos cambios y la renovación ética que demanda la Patria. Sí, la Patria, porque la Patria somos todos, no son los unos y los otros. Somos todos. 

Las calles vibraron con el silencio conmovedor, con la emoción que resultó todo un homenaje y mensajes que tienen la fuerza de provenir directamente de los corazones, del pensar y del sentir de miles y miles de argentinos. 

Habría que unir en lugar de separar, escuchar en lugar de descalificar, trabajar en lugar de mostrar la más brutal indiferencia con la realidad que grita su dolor. Quizás lo que habría que decir no es “pero” sino “y”.

¡Eran muchos… y hoy, hay que comenzar a dar respuestas!! 

La lucha contra la impunidad: discurso vs. realidad

La lucha contra la impunidad, otra expresión vaciada de contenido en la última década y de la que también busca apropiarse el oficialismo, en el afán de lograr con su invocación, lo que deliberadamente no busca alcanzar con acciones concretas y efectivas.

Lamentablemente, nuestra provincia, debilitada en su autonomía por la irresponsable inercia de un gobierno anquilosado, se constituye en el eco lastimoso de las prácticas políticas que tanto mal le están haciendo a la Nación.

El caso Nisman, y la pesada y toxica nube de impunidad que lo rodea, fue ninguneado por el gobierno nacional en su discurso, buscando poner foco en un montón de detalles secundarios, y perdiendo de vista lo que desde el principio debió ser su objetivo y responsabilidad principal, encontrar la verdad.

De igual manera el gobierno provincial reprodujo la posición oficial, circunstancia que no sorprende, atento a que en ese espacio político, no solo el disenso, sino hasta la creatividad parecen haber sido sepultadas hace tiempo.

En la Nación, el gobierno promueve y cobija a los violentos útiles que se transforman en el brazo ejecutor de las acciones impopulares pero a su criterio necesarias para disciplinar las voces que desentonen o a quienes piensan diferente.  D´elía, Esteche,  Larroque, por citar algunos.

En Jujuy, el gobernador cubre a sectores como el que lidera Milagro Sala y les garantiza impunidad, avalando o legitimando no solo las acciones violentas, sino también y lo que es peor, la dependencia y el sometimiento de los más vulnerables. Frente a múltiples denuncias, procesamientos y elevaciones a juicios de Milagro Sala y miembros de su organización, por casos como la muerte de "Pato" Condorí, los hechos de Mariano Moreno y el ataque a la sede de Ciencias Económicas, entre otros, el Gobierno Provincial ha mantenido una actitud de protección hacia Sala, alimentando sus prácticas violentas.

Sala es una aliada política de D´elía,  Esteche y Larroque quienes han estado en Jujuy acompañándola en actos políticos y solidarizándose con ella. Todos comparten el mismo ADN que los convierte en socios y aliados estratégicos.

Son justamente estos grupos los que, de manera genuflexa e incondicional, han desnaturalizado sus luchas sociales, desprotegiendo a sus supuestos seguidores y transformándose solo en aduladores del gobierno y prestos a mostrar su adhesión operando en contra de los adversarios.

En ese contexto, ejecutan campañas difamatorias contra los espacios políticos de la oposición, pretendiendo de esta manera, con la violencia y la mentira, lograr lo que de otra manera no pueden.

Se van a ir. El oficialismo está en dolorosa retirada y en Jujuy Fellner no quiere ser el “mariscal de la derrota”, de la segura derrota que lo aguarda y por eso intenta correrse de una eventual candidatura. Mientras tanto, y perdido por perdido, malgasta su tiempo en poner la cara como presidente del Consejo Nacional del PJ, en una actitud de notoria incomodidad pero de extrema necesidad, funcionalidad y sometimiento a su jefa política y en atacar de manera infundada a otros partidos políticos.

Que patético y vergonzoso legado nos deja la “década ganada”. Tanto a nivel nacional como provincial, la institucionalidad, los derechos y libertades, la igualdad ante la ley,  los valores republicanos y la misma democracia, han recibido heridas letales, que llevará tiempo curar.

Los niveles de corrupción, las grandes dudas que todos compartimos sobre temas dolorosos, entre ellos el caso AMIA y todo lo que hay a su alrededor, la falta de verdad, la falta de justicia y la absoluta falta de transparencia en la gestión, son algunos de los grandes desafíos que el próximo gobierno deberá asumir, y para lo cual necesitará refundar las bases de un compromiso verdaderamente democrático con los valores de la República, con la verdad y la justicia.

La impunidad, la violencia y la injusticia, la muerte dudosa de un fiscal de la Nación que investiga al gobierno, el temor y la sensación de desamparo e inseguridad que invadió a toda la ciudadanía, nos han hecho llegar  a un punto en el que con intensidad lacerante vibramos con una convicción compartida: tenemos que cambiar esta realidad y hacia ese cambio nos encaminamos con firme determinación.

Despenalización: un discurso para tapar los problemas

Una vez más el tema de la despenalización de la tenencia de estupefacientes para consumo personal se pone en debate en el escenario público, a partir de las declaraciones del titular de la SEDRONAR, confusas e inoportunas, y su anuncio de un proyecto en el que el Ejecutivo estaría trabajando con ese objetivo.

En un tema tan sensible y tan preocupante, los mensajes a la ciudadanía deben ser claros para promover acciones concretas y eficaces, llevando a la población respuestas y tranquilidad y no expresiones que aumenten el temor, generando percepciones extremas, la de quienes piensan erróneamente que esto es una solución al narcotráfico o la de quienes creen que despenalizar es abrir la caja de Pandora, con consecuencias imprevisibles pero seguramente fatales.

Por eso, hay que distinguir despenalizar la tenencia de estupefacientes para consumo personal o como le llaman algunos no criminalizar a la persona con adicciones, de legalizar el consumo de drogas. Son dos temas absolutamente diferentes y con implicancias totalmente distintas.

Legalizar las drogas significa habilitar su producción, consumo, tenencia, y comercialización  y que el Estado o el sector privado lo regule. Este es un tema con el que definitivamente no estoy de acuerdo.

Otro tema es la despenalización de la tenencia de estupefacientes para consumo personal, que significa que quien padece una adicción no vaya preso por serlo. Significa que se lo trata desde un sistema de salud con capacidad de dar la respuesta adecuada, con recursos humanos capacitados para la asistencia, para la rehabilitación y la reinserción, coordinando los esfuerzos con otros sectores y actores sociales que participen en este proceso. Respecto de este punto, todos estamos de acuerdo.

En ese marco, la despenalización debe ser precisa, debe realizar, a través de las normas, una categorización de los estupefacientes, distinguir cantidades, circunstancias, espacios, porque definitivamente no es lo mismo la marihuana que el paco, como tampoco es lo mismo una conducta adictiva en la intimidad de la propia casa, que en la vereda a la salida de un colegio.

Formuladas estas distinciones indispensables, nos preguntamos: nuestro sistema de salud ¿está preparado para dar esa respuesta adecuada a la persona que padece una adicción? Y la respuesta es que no lo estamos aún. Hemos comenzado a concientizarnos de la imperiosa necesidad de generar los modelos de atención que resultan necesarios, y hemos logrado la sanción de una ley que contiene el Plan Integral para el Abordaje de los consumos problemáticos. Dicha ley fue aprobada en mayo de este año y su reglamentación fue publicada en agosto de este año.

Esto implica que aún no estamos en condiciones de evaluar el resultado de las políticas contenidas en ella. Cuando comenzamos a tratar esa ley, fue con motivo de haber receptado en audiencias públicas promovidas por mi parte en mi condición de Presidente de la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico, la demanda generalizada de la sociedad de abordar la prevención de las adicciones, la asistencia, el tratamiento, la rehabilitación y la reinserción social. Este fue el mandato que recibimos los legisladores y nos embarcamos en el proceso de dar los debates y lograr la sanción de una ley que, como siempre que se busca el consenso no resulto la herramienta perfecta, pero si constituyó un avance significativo en el tema.

La próxima pregunta es entonces, ¿este es el momento oportuno para debatir la despenalización? Seguramente no lo es. Pongamos ahora todos los esfuerzos en que la ley se implemente, se creen los centros que se han anunciado, se asignen los recursos para el cumplimiento de todos los objetivos y las acciones de la ley, se realicen los acuerdos y convenios con sectores, actores,  organizaciones, jurisdicciones, y una vez que eso suceda, evaluemos cuales son los resultados alcanzados. Recién allí, estaremos en condiciones de darnos como sociedad, el debate profundo, abierto y participativo del tema de la despenalización.

Finalmente nos preguntamos, aquellos que ven en la despenalización de la tenencia de estupefacientes, una herramienta para luchar contra el narcotráfico, ¿están en lo cierto? Creemos que no y estamos seguros que hay muchas acciones que pueden intentarse antes y que no se han intentado. Es necesario atacar la economía del delito, extremar los recaudos para la prevención del lavado de activos, fortalecer la labor de la UIF y optimizar todos los recursos disponibles para avanzar en este tema, diagramar una protección eficaz de las fronteras, promover los controles necesarios, dotar a la Justicia de los recursos humanos y tecnológicos adecuados para la lucha contra el narcotráfico. Hay mucho por hacer.  


Nuestra percepción es que instalar el tema de la despenalización es una manera de tapar la ineficiencia en la lucha contra el narcotráfico, correr el eje de la discusión y continuar en el mismo camino de desidia. Algunos dicen que la batalla contra el narcotráfico se ha perdido. Y yo me pregunto ¿y si se deciden a darla alguna vez? Quizás los resultados serían otros.  

La Independencia es más que una foto

Un nuevo aniversario de la independencia de nuestra Patria, constituye una buena oportunidad para interpelarnos sobre cuáles son las condiciones que garantizan la independencia de una Nación.

En este sentido, una Nación  mantiene su independencia cuando es capaz de aglutinar las voluntades de sus ciudadanos  en torno a objetivos y metas comunes, en torno a profundas convicciones que arraigan a la tierra y que proporcionan la identidad que se expresa en compromiso.

Necesitamos creer los unos en los otros, para saber que debemos esfuerzos y muchas veces sacrificios en función de esta Nación libre y soberana que integramos, de la que somos parte y cuyo bien anhelamos porque es el bien de todos.

Pero, cuando las prácticas políticas parecen corromperse, cuando la sospecha enturbia las conductas de los mas altos funcionarios, ello genera una profunda fragmentación en la sociedad que descree de sus conductores y que socava los cimientos sobre los que se fue consolidando como país.

El testimonio de servicio, se desvanece como conducta ejemplar del funcionario, y aparece solo el férreo afán de mantenerse a flote, transformando el cargo de naturaleza representativa, en un reducto que se cree propio y que se amuralla con el silencio y la permanencia obstinada, vulnerando el deber ético de poner toda la luz que sea necesaria para la búsqueda de la verdad.   

La independencia no es una foto. No es la imagen romántica de la memorable Casa de Tucumán solamente. La independencia es mucho más que eso. Es reconocernos parte de esta Nación, constructores responsables de su futuro y hacedores cotidianos en este presente que nos impone como responsabilidad fundamental un camino ético expresado en la transparencia de las acciones.


Este 9 de julio nos encuentra en la perplejidad de una sospecha que hiere a la República y que por lo mismo, debe teñir esta conmemoración de una reflexión profunda sobre los cimientos de una Nación que para crecer, no puede permitirse el corromper sus bases. 

Narcotráfico: la batalla que no empieza

Por estos días, el narcotráfico se ha convertido en uno de los temas casi excluyentes de la agenda de los medios y de los discursos políticos que, en el marco del cruce de acusaciones, opiniones y sugerencias, intentan abordar el problema descuidado desde hace años.

El narcotráfico no es un meteorito que accidental e imprevistamente impactó  en el país, extendiendo sus efectos y enraizándose de manera indetenible. El narcotráfico y la situación actual que vive la Argentina, resulta de un proceso de años de desatención del problema y de la falta de voluntad política para abordar las acciones necesarias para evitar que avance y se extienda.

Hemos escuchado expresar con resignación que la lucha contra el narcotráfico se ha perdido y en realidad, nunca supimos que se había iniciado, porque mas allá de alguna acción puntual declamada en el discurso pero poco comprobable en los hechos, no ha existido una definición pública, firme y comprometida de nuestro gobierno, respecto de su decisión de enfrentar el problema y el anuncio de como lo haría.

Quizás una de las pruebas más contundentes de esta falta de voluntad, sea la ausencia del tema en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, en donde la deliberada omisión de mencionar siquiera la cuestión que ardía en el espacio público, muestra a las claras la escasa voluntad de enfrentarlo.

La situación del narcotráfico proviene de un cúmulo de inacciones y de acciones desacertadas que han ido produciendo el efecto de mirar para otro lado, mientras el tráfico ilícito ha ido cooptando complicidades, tejiendo alianzas con distintos grupos, aprovechándose de la vulnerabilidad de personas en situación de necesidad y afianzándose cómodamente en una tierra sin control.

Así que el primer paso para hacer algo eficaz, es reconocer la existencia del problema aún con el costo político que conllevan las responsabilidades de quienes tuvieron a su cargo durante los últimos años, los niveles de decisión con competencia para producir intervenciones específicas en el tema.

Pero además de reconocerlo y comprender los contextos socioculturales y económicos que le resultan propicios y favorecen su expansión, es imprescindible que se aborde el problema desde una planificación estratégica.

Las propuestas que se impulsan en estos días, están signadas por la desarticulación. En la vorágine del momento y con el objetivo de acallar la alarma social que está generando la violencia cada vez mas intensa con la que se expresa la gravedad del narcotráfico, los funcionarios proponen distintas herramientas, pero todas ellas son fragmentos inútiles de un rompecabezas que solo nos proporcionará el camino de la solución, cuando todas las piezas se vertebren en un plan estratégico en el que a la cabeza se pongan las mas altas autoridades del país con una amplia convocatoria que edifique el camino sobre el consenso político y el apoyo social.

En reiteradas ocasiones hemos afirmado que la lucha contra el narcotráfico no se encara con los radares, con resolver la sobrecarga de Juzgados, con la interceptación de los vuelos clandestinos  o con actuar sobre la prevención. La lucha contra el narcotráfico se encara con un conjunto de acciones que evidencien la incontrastable vocación de resolver el problema, coordinando un conjunto de herramientas pensadas específicamente para el abordaje de las distintas y múltiples dimensiones del problema.

En suma, claramente para avanzar y para que podamos superar la etapa del debate, necesitamos voluntad política del gobierno, una planificación estratégica, el consenso político y el apoyo de la sociedad. Sin ellos, seguiremos perdiendo la batalla que no nos decidimos a comenzar.-

IMPROVISACION Y CONTRADICCION, PELIGROSOS SIGNOS DE UN GOBIERNO

Si hay dos características que definen al gobierno actual, ellas son improvisación y contradicción. Las circunstancias de los últimos días, han expuesto en toda la crudeza de una realidad innegable, las consecuencias de una absoluta falta de planificación estratégica, errores de diagnósticos y obstinada negación de los verdaderos problemas de la Argentina actual.

        La sistemática improvisación del gobierno ha hecho que marche continuamente detrás de la coyuntura, reaccionando emocionalmente a las reiteradas situaciones críticas con acciones fragmentadas y desarticuladas que solo se orientaron a tapar el agujero o disimular el problema pero nunca a resolverlo.

        Así es como se implementan medidas que en su práctica normalmente son “impracticables” porque los sistemas no han sido adecuados, porque falta información o normas complementarias que nadie sabe de donde tienen que venir y que terminan sumiendo a los argentinos en un clima de incertidumbre y temor.

        Puede ser que a una década de haber asumido el gobierno, sigamos escuchando que la inflación tiene que ver con “culpables”, “apátridas” o “especuladores”? No tendríamos que pensar que la inflación sistemática y creciente tiene que ver con no reconocer el problema y buscar las soluciones adecuadas?

        Estas definiciones, son solo un indicador de la brutal caída del “relato” a la que estamos asistiendo. Así, como también son un dato, por ejemplo, las declaraciones del Ministro de Economía en relación a que con la flexibilización del cepo cambiario se pretendía beneficiar a los que menos tienen. Esto indicaría entonces que los que menos tienen, pueden ahorrar mensualmente para comprar dólares. Lo menos que sugiere esta interpretación es que al gobierno le hace falta urgente un baño intenso de realidad.

        Marchas y contramarchas, idas y vueltas, desnudan la falta de diagnósticos certeros y de planificación pensada a corto, mediano y largo plazo para concatenar de manera coherente acciones orientadas a lograr de manera gradual y eficiente el logro de metas.

        Este mismo trato o mejor sería decir “destrato”, que se le proporciona al problema económico-social, es el que se le da a los problemas de las adicciones y al grave problema del narcotráfico.

        Las reacciones, porque no puede definirse como acciones los pasos espasmódicos y de solo impacto mediático, que se realizan para la lucha contra el narcotráfico, son solo el envoltorio de un paquete vacío que solo termina mostrando la falta de voluntad del gobierno de pensar de una vez, la estrategia para combatirlo.

        Cada tanto, alguna mención al Operativo Escudo Norte, del que nadie sabe nada más que la remisión incierta que se hace cada vez que se lo prorroga por decreto del Poder Ejecutivo, a que “ha dado buenos resultados”. Alguien debiera avisarle al gobierno que no podemos hablar de buenos resultados cuando la presencia del narcotráfico es creciente en sus niveles de tráfico y también de violencia en nuestro país.

        Por otro lado, el gobierno mantiene una conducta errática con respecto a la Sedronar, oscilando entre atribuirle funciones y declararla organismo competente para atender las adicciones y hasta hace poco, la lucha contra el narcotráfico, y ningunearla de manera formidable como cuando al reglamentar la ley de salud mental se omitió darle algún tipo de participación en relación a las adicciones, o como cuando permitió que durante meses permaneciera acéfala.

        Estamos atravesando un periodo decisivo en donde la profundidad de la crisis en distintas áreas sensibles de la vida de los argentinos, son como agujeros en un barco que terminará por hacer agua, si no se detiene a tiempo con la adopción de políticas públicas serias y responsables, definidas sobre la realidad de los problemas y sus verdaderas dimensiones, consensuadas y articuladas sobre la base de un dialogo sincero con todos los sectores de la Argentina.


        No se puede perder tiempo, porque ya hemos perdido demasiado. Hemos perdido como diez años. 

30 años de democracia

Al iniciar su discurso el 10 de diciembre de 1983 frente a un pueblo vibrando de emoción y anhelante de esperanza, Raúl Alfonsín, expresaba: “Compatriotas: iniciamos una etapa que sin dudas será difícil porque tenemos todos la enorme responsabilidad de asegurar hoy y para los tiempos la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra argentina”.

Con el presidente Alfonsín, se ponía fin a la larga noche de la historia que había teñido de sangre nuestra tierra, y los argentinos comenzábamos a creer que podíamos esperanzarnos con la vida sin temores, con el pleno ejercicio de los derechos y fundamentalmente con la libertad.

Y hoy, después de treinta años de conmovernos con esas palabras, podemos valorar que fueron pronunciadas con un compromiso firme que se expresó luego en acciones concretas, decididas y eficaces para reconstruir en la conciencia colectiva, el espíritu democrático, su capacidad de ejercerlo y la responsabilidad de su preservación.

Recuperamos la democracia y recuperamos también la convicción de un mandato compartido de defenderla, fortalecerla y cuidarla, tal como lo expresara el presidente en ese momento.

Atravesamos distintas etapas desde aquel mítico 10 de diciembre de 1983, pero cada una de ellas, expresó el protagonismo y la participación de un pueblo que aprendió que el único camino para cuidar nuestros derechos, es ejerciéndolos y participando en la vida del Estado, desde cada lugar y desde cada espacio, con idéntica fuerza y con la firme determinación de no permitir nunca más, el quiebre del orden constitucional.

Uno de los logros más trascendentales de estos 30 años, ha sido el de lograr cimentar una convicción compartida y arraigada profundamente en el corazón de cada habitante de esta Nación, una conciencia que hoy nos identifica en el escenario de las naciones, y es la de levantar la bandera de los derechos y las libertades, como expresión natural de un sistema democrático y de una forma de vida que respeta la dignidad.

Tenemos muchas deudas todavía al interior de nuestro pueblo, deudas que duelen porque mientras haya argentinos que viven excluidos y en condiciones de marginalidad, los derechos no están llegando a todos.

Puede haber muchos caminos para alcanzar esa meta, puede haber miradas diferentes, pero en lo que no puede existir opción, es que cualquier estrategia que se adopte tiene que serlo en el marco de la democracia que desde Raúl Alfonsín, venimos atesorando y cuidando con nuestra participación y responsabilidad, porque si hay algo que los ciudadanos de este país hemos aprendido, es que indisolublemente unida a nuestra argentinidad, está nuestra firme convicción de vivirla en democracia. 

LA LUCHA CONTRA EL NARCOTRAFICO ES MUCHO MAS QUE DISCUTIR EL DERRIBO

Por estos días se está debatiendo mucho el tema de ley de derribo sí o ley de derribo no. Promotores y detractores, cada uno por su lado, esgrimen, transitando por los medios de comunicación las razones que justifican sus posiciones y otra vez, nos encontramos con que el árbol nos está tapando el bosque.

La lucha contra el narcotráfico, no es un radar, no es el derribo, no es el control de los puertos, no es atacar la economía del delito. La lucha contra el narcotráfico debe partir de una discusión en serio sobre una estrategia integral que coordine medidas y acciones, en el marco de un plan que contenga metas y objetivos diseñados a corto, mediano y largo plazo.

Esta estrategia integral debe ser fruto de un consenso político y contar con el apoyo de la sociedad, y en donde el eje orientador debe serlo la seguridad ciudadana.

El Estado tiene responsabilidad de velar por la seguridad de sus ciudadanos y en el marco de este imperativo indelegable de hacerlo, debe abordar una política contra el narcotráfico desde una perspectiva multidimensional, para poder vertebrar esfuerzos que en forma aislada y espasmódica no producen ningún resultado.

Así es como las discusiones en todos estos años se han centrado sobre un tema en particular, con lo que la respuesta de las políticas, ha sido la de adoptar una medida puntual contra el aspecto en análisis y dando como resultado un fracaso que se anticipaba por la mirada fragmentada.

Esto es algo así como pretender preservar la seguridad de una vivienda poniendo rejas a una ventana pero dejando la puerta abierta.

Si el tema se encuentra en discusión, no tenemos que perder la oportunidad de abordarlo en la integralidad del análisis que demanda para que la lucha contra el narcotráfico comience a ser en las políticas públicas de nuestro país, una estrategia integral, que se armonice además con las políticas de los otros países en el marco de la responsabilidad compartida y que además opere como herramienta de disuasión para los autores del delito.

En ese contexto, es decir, como una de las herramientas de esa estrategia que debe necesariamente coordinarse con los demás esfuerzos y acciones, el derribo, no implica un ataque, sino una defensa a la seguridad y soberanía de un Estado cuyo espacio aéreo se ha vulnerado deliberadamente, y además con el agravante de haber  desoído y desobedecido todas y cada una de las diferentes señales, alarmas y comunicaciones remitidas por las autoridades de nuestro país.

Pareciera existir una gran confusión en torno a este tema, porque hay quienes interpretan que el derribo es abrir fuego directamente contra una aeronave y esto es un gravísimo error y difundirlo así además, constituye un acto de irresponsabilidad.

El derribo o la instancia final que se discuta y consensúe, constituye la última acción de un largo proceso estructurado en pasos inexcusables y obligatorios que deben cumplirse inexorablemente y recién cuando pese a todas las advertencias, la aeronave no se ha identificado y se ha resistido a aterrizar, se procede al derribo o se puede proceder de otra manera con otra acción que se discuta y consensúe.

Medidas de indagación, de intervención, de persuasión, son todos eslabones indispensables en una cadena que termina privilegiando la seguridad de nuestros ciudadanos y actuando en consecuencia con la autorización de la máxima autoridad del Estado vulnerado.  

En suma, si queremos verdaderamente velar por nuestros ciudadanos, terminemos con las discusiones estériles de temas puntuales y asumamos el desafío de discutir un plan integral, una política pública de lucha contra el narcotráfico consensuada y coordinada con los otros Estados para que la Argentina sea conocida y respetada en el mundo como un país que ha tomado la firme decisión de preservar la seguridad de sus ciudadanos, la integridad  y la soberanía sobre su territorio y que ha adoptado una política pública perdurable y eficaz de lucha contra el narcotráfico. Esto es lo que tenemos que debatir

NARCOTRAFICO: PARA GANAR LA BATALLA HAY QUE DECIDIR LIBRARLA

Quizás uno de los temas en los que con mayor énfasis se muestra el doble discurso del oficialismo, es en el narcotráfico, que avanza en el país, ante la mirada indiferente de un gobierno que prioriza sus propias batallas y en este tiempo, fundamentalmente la electoral.

Durante años, los argentinos vienen reclamando por la inseguridad y demandando acciones concretas contra el narcotráfico y el crimen organizado. Sin embargo, el gobierno ignoró empecinadamente el problema, pensando aparentemente que cuando un tema no se habla, no existe.

Ahora, cuando el agua hirvió reacciona tardíamente y lo hace con medidas improvisadas e inconexas huérfanas de un plan integral estratégico que les proporcione la coordinación necesaria para alcanzar metas y objetivos.

Y en este escenario, el narcotráfico vuelve a cantar victoria porque el gobierno suma nuevas medidas que traen como consecuencia una facilitación al accionar delictivo. El traslado del personal de gendarmería nacional al conurbano bonaerense para generar la percepción colectiva de que se está haciendo algo en contra de la inseguridad, desampara el norte argentino, debilitando aún más los controles de ingreso por la frontera.

Hace tiempo que venimos denunciando el crecimiento del narcotráfico por omisión del Estado en adoptar acciones estratégicas consistentes, integradas en un plan pensado a mediano y largo plazo, y dotadas de los recursos humanos y tecnológicos adecuados para enfrentar eficientemente a este flagelo. Sin embargo, el gobierno desoye los reclamos.

Desde el mes de marzo de este año, la SEDRONAR, esta sin conducción. Ello, constituye sin dudas un indicador de la escasa preocupación que la lucha contra el narcotráfico le genera al gobierno. A ello se suma el escaso presupuesto para inversiones que se le otorga para el próximo año y ciertamente la ley de blanqueo, que aun cuando fracasó estrepitosamente en sus declamadas expectativas, es una puerta al ingreso de dinero de origen desconocido.

Desde la Cámara de Diputados, son numerosas las iniciativas presentadas para reclamar la designación en la SEDRONAR, pedidos de informes sobre el Operativo Escudo Norte, y diferentes iniciativas que promueven la radarización y los controles para terminar con los vuelos clandestinos y el ingreso de la droga por nuestras fronteras.

Por mi parte tengo presentado un proyecto de ley integral contra el narcotráfico desde el mes de junio, que pretende llenar el vacío de políticas públicas en la lucha contra el narcotráfico que promueve este gobierno y dar una respuesta a la sociedad, desde la representación que investimos los legisladores.

Hay quienes afirman que la lucha contra el narcotráfico está fracasando. Pero en nuestro país no podemos afirmar que está fracasando, porque en realidad no se está dando ninguna batalla. Quizás sería bueno recordarle al gobierno que hay vida después de octubre y que sería bueno que hoy empezara a hacerse cargo de este problema que mina nuestra seguridad, y atenta contra nuestra población.

Vamos a ganar la batalla contra el narcotráfico, cuando el Estado decida librarla, cuando trabaje arduamente en un plan para ello y cuando tenga la voluntad política firme y decidida de llevarlo a la práctica.         

REPENSANDO LA SALUD EN JUJUY

          Por estos días estamos atravesando una gravísima situación en el sector de la salud en la provincia. Aunque en realidad no es correcto hablar de “sector” como si este problema fuera privativo de unos pocos, porque cuando las prestaciones de salud se ven afectadas, se compromete un derecho básico y esencial de los ciudadanos. Esto no es una crisis de un sector, es un problema de salud pública y de derechos humanos. 

 Pero esto no es un accidente, de origen súbito e incausado. Esta situación, es la consecuencia de una larga cadena de desaciertos, de errores, y fundamentalmente de olvidos deliberados y prioridades postergadas.

Hace años que venimos reclamando esta situación. Hace años que los trabajadores de la salud, venimos intentando que el gobierno se siente a pensar el problema, pero no en términos de una respuesta inmediata y coyuntural que acalle los reclamos temporariamente, sino en términos del diseño de un sistema que resuelva la brecha de desigualdad que existe entre las posibilidades de acceso, y que garantice la calidad de la oferta de servicios, que tiene que estar indisolublemente unido a la dignidad de los trabajadores de la salud y a una política en materia de recursos humanos.

En el escenario actual, se produce una permanente migración de excelentes profesionales que optan por alejarse para desarrollar su actividad en algún lugar del país, en el que se reconozcan los esfuerzos, se remunere dignamente el trabajo, se provea de ambientes y entornos laborales aptos para el cumplimiento de funciones que entrañan riesgo de vida y que, por lo mismo deben estar equipados y ser adecuados.

Entonces las opciones que la provincia brinda a sus médicos, son, irse, o batallar cotidianamente desde el esfuerzo y la insostenible carencia de recursos humanos que resiente la atención, con el agravante de emprender cada día de lucha sabiendo que no hay un horizonte posible en la medida en la que no exista la voluntad política de comenzar por reconocer el problema.

A fuerza de repetir lecciones aprendidas, de reproducir relatos impuestos, nuestro gobierno pareciera haberse ido convenciendo que las cosas son como las quieren contar, y entonces, todo lo que aparezca como problema, en lugar de resolverlo se lo barre bajo la alfombra, con la inútil esperanza que lo que no se ve, no sea real.

Seguramente cuando vemos a los médicos renunciando en forma masiva en el extremo de la impotencia y la desesperación, cuando vemos las escenas de violenta represión de hace unos días, cuando vemos los paros de los docentes y el espacio público convertido en el escenario cotidiano y permanente de reclamos cada vez más fuertes y multitudinarios, resuenan en nuestros oídos como una afrenta, la frase con la que el gobernador eligió actuar frente a la presidente en su visita a Jujuy, cuando decía: “Que le voy a contar a usted señora presidenta y a mi pueblo…

La salud en nuestra provincia, necesita mucho más que una negociación tensa que con el vértigo de las presiones permita superar el momento. La salud en Jujuy, requiere de la reformulación del sistema con el diseño de una política de salud pública, que contemple los derechos de todos los actores involucrados, para que, efectivamente, integremos una sociedad justa y solidaria en la que cada uno desempeña sus funciones con la alegría cotidiana que da el servicio en el ejercicio de una vocación que se retribuye dignamente.

          Pensemos la salud en Jujuy y hagámoslo con la grandeza de sentarnos a mirar el horizonte del bienestar de los jujeños, y no la inmediatez de un resultado electoral. Pensemos la salud en Jujuy comprometiendo esfuerzos comunes en el diseño de una estrategia con acciones a mediano y a largo plazo. Pensemos la salud en Jujuy esforzándonos por hacer un buen diagnóstico de la situación, con la capacidad de reconocer todo lo que está mal, y a partir de allí empecemos a planear responsablemente un futuro mejor, con la convicción de saber que solo llegaremos en la medida en la que empecemos a caminar en esa dirección. 

UNA NUEVA MAYORÍA PARA UNA NUEVA REPÚBLICA

Es imprescindible que podamos construir una nueva República con una nueva mayoría en el Congreso de la Nación, en la que los ciudadanos recuperemos nuestra calidad de tales.

Una de las derivaciones perversas de “el modelo”, es la de habernos relegado a la condición de súbditos, de un poder absoluto que ha vaciado el vínculo de representatividad entre ciudadanos y gobierno y lo traduce en una relación marcada por el “te concedo según mi voluntad”.

Hay varios indicadores que evidencian la tergiversación del sentido con el que debe ejercerse el poder en un gobierno democrático y en un sistema republicano. Un ejemplo de esto, son las recurrentes cadenas nacionales para formular anuncios que corresponden al ejercicio debido de las obligaciones y responsabilidades propias del gobierno, y que debieran anunciarse por canales institucionales y normales.

Este afán permanente por la idolatría que tiene el gobierno, lo lleva a montar costosas escenografías, publicidades, movilizaciones para generar el escenario que le transmita, aún con forzados aplausos que nacen de la necesidad y la dependencia, esa corriente de adulación que les proporcione, en su idea, la legitimidad para obrar discrecionalmente.

La asignación universal por hijo, promovida por proyectos de ley, con antelación, nació con la premura del temor a un fracaso electoral que se anticipaba y aun cuando resultó consecuencia inevitable de esa presión, fue anunciada y reiterada como un acto de heroísmo y de benevolencia del soberano.

Hoy esa situación se repite con el impuesto a las ganancias. Reiterados reclamos, proyectos de ley cautivos de la mayoría oficialista, voces desde todos los sectores venían demandando desde hace años, un acto de merecida justicia para que los haberes de los trabajadores dejen de ser avasallados por el Estado. Sin embargo, todas las demandas chocaron contra el muro infranqueable de un gobierno que no escucha, no ve, no atiende, y solo toma decisiones que respeten la voluntad popular cuando “las papas queman” y otra vez se encuentran en riesgo los votos que le permiten seguir “reinando”.

Según el decreto 1242/2013, los recibos de los haberes que no queden alcanzados por el impuesto a las ganancias, deberán expresarlo inequívocamente, mencionando que se trata de un beneficio dispuesto por el Poder Ejecutivo.

Otra vez el soberano haciendo gala de su generosidad y otra vez agraviando a la República y la condición de ciudadanos de un Estado de derecho que todos investimos. 

No señores. Esto no es un beneficio otorgado, es un derecho que por fin resuelve reconocerse. En una República las relaciones entre el gobierno y los ciudadanos se definen por derechos y obligaciones, y las del gobierno, son la de respetar los derechos consagrados en la Constitución Nacional, y la de comprender que la voluntad popular no es un instante en las urnas, es un compromiso de respeto hacia la soberanía del pueblo durante todo el ejercicio del poder que además, debe asumirse y practicarse como un servicio.-